¿Qué pasa con los 8 reales falsos? 2.0 — Aprender a mirar

Después de publicar nuestro artículo “¿Qué pasa con los 8 reales falsos?”, nos hemos quedado con ganas de profundizar un poco más.
Porque detectar un 8 reales falso no consiste en aprenderse una lista de trucos y comprobarlos uno por uno.
Ojalá fuera tan sencillo.
La realidad es bastante más compleja y, al mismo tiempo, mucho más interesante.
Para aprender a distinguir un 8 reales auténtico de una falsificación hay que aprender primero a mirar.
Y para aprender a mirar hay que ver muchas monedas.
Un 8 reales tiene tres caras
Cuando estudiamos una moneda solemos fijarnos inmediatamente en el anverso y el reverso.
Pero un 8 reales tiene, a efectos prácticos, tres partes que estudiar: anverso, reverso y canto.
Y el canto puede darnos muchísima información.
No todos los cantos son iguales. Dependiendo de la ceca y del tipo de moneda podemos encontrar características diferentes.
Por ejemplo, en determinadas monedas de Lima podemos encontrar cuadrados y puntos de un tamaño particular, y también son frecuentes determinados desplazamientos propios de su fabricación.
En cambio, otras cecas, como México, pueden presentar cantos realizados de una manera diferente y, generalmente, con una fabricación más cuidada.
Esto es importante porque una característica que en una ceca puede resultar normal puede ser extraña en otra.
Por eso no podemos estudiar los 8 reales como si todas las cecas hubieran trabajado exactamente de la misma manera.
Hay que aprender el arte de cada ceca
Esta es, probablemente, una de las partes más difíciles de explicar a alguien que empieza.
Cada ceca tenía sus peculiaridades.
La base del proceso de fabricación podía ser la misma, pero la forma de trabajar dejaba pequeñas diferencias que hoy pueden ayudarnos a reconocer una pieza.
Hay que aprender a reconocer el arte de los:
castillos;
coronas;
escudos;
letras;
bustos;
columnas;
y otros elementos que aparecen en las monedas.
No es lo mismo estudiar un 8 reales de Lima que uno de México, Potosí, Santiago u otra ceca.
Cada una tiene sus características.
Y esto es especialmente importante en las falsificaciones.
El busto puede delatar muchas falsificaciones
En muchas falsificaciones, uno de los puntos donde más se nota que algo no encaja es en el arte del busto.
El falsificador puede intentar reproducir una moneda, pero conseguir que el conjunto resulte convincente no es tan sencillo.
Hay detalles en los que el ojo entrenado empieza a encontrar diferencias.
En cambio, en los escudos encontramos muchas líneas rectas y elementos geométricos que pueden resultar más fáciles de reproducir.
Por eso no debemos quedarnos únicamente con la impresión general de la moneda.
Hay que mirar los detalles.
Los punzones también cuentan
Otro aspecto importante es conocer cómo se fabricaban los cuños.
Los punzones utilizados para hincar determinados elementos en los cuños seguían unos patrones y, dentro de una misma ceca y periodo, podemos encontrar elementos que mantienen una coherencia.
Por ejemplo, una misma letra no debería cambiar completamente de aspecto sin una razón.
La “A” de palabras como CAROLVS o HISPANIARVM puede convertirse en un elemento más que estudiar cuando comparamos ejemplares.
No se trata de mirar una letra de manera aislada y decir:
“Esta A es diferente, por tanto es falsa.”
Eso sería demasiado sencillo.
Se trata de aprender a reconocer los punzones y las características propias de una ceca para detectar cuándo algo no encaja dentro del conjunto.
Las grifas, las columnas y los pequeños detalles
Hay detalles que pueden parecer insignificantes hasta que empiezas a estudiar muchas monedas.
Por ejemplo, las grifas no deberían parecer cortadas arbitrariamente.
Su desarrollo debe ser coherente con el espacio disponible y pueden prolongarse hasta donde termina el cospel.
También hay que prestar atención a elementos como:
la separación entre las columnas;
la posición de la corona;
la relación entre los diferentes elementos del diseño;
la forma en que están distribuidos sobre el cospel.
En una falsificación muy buena, estos pequeños detalles pueden ser mucho más útiles que una simple impresión general.
Y en ocasiones hay que hacer algo tan sencillo como mirar la moneda en perspectiva.
Una moneda no siempre se entiende completamente mirándola de frente.
El relieve, las superficies y la relación entre unos elementos y otros pueden cambiar nuestra percepción cuando observamos la pieza desde diferentes ángulos.
El desgaste también habla
Una moneda antigua ha tenido una historia.
Ha circulado, ha sido manipulada, ha sufrido golpes y desgaste.
Por eso debemos preguntarnos si ese desgaste tiene sentido.
Una moneda auténtica no tiene por qué presentar un desgaste perfecto ni uniforme en todos sus elementos, pero los desgastes extraños o excesivamente irregulares deben hacernos prestar atención.
¿Por qué?
Porque algunos pueden haber sido provocados artificialmente.
Cuando encontramos una zona con un desgaste que no parece corresponderse con el resto de la moneda, merece la pena preguntarse:
¿Cómo se ha producido esto?
Y volvemos a la misma idea:
No se trata de memorizar que “un desgaste irregular es falso”.
Se trata de preguntarnos por qué existe ese desgaste.
Cuidado con las pátinas demasiado perfectas
La pátina es otro terreno donde hay que tener cuidado.
Una moneda antigua puede desarrollar pátinas naturales muy diferentes dependiendo de su composición, conservación y circunstancias.
Por eso tampoco podemos decir:
“Esta pátina no me gusta, así que la moneda es falsa.”
Pero cuando aparecen colores extremadamente brillantes, superficies pulidas o acabados que parecen completamente artificiales, debemos prestar atención.
En general, las cosas demasiado extremas y alejadas de lo natural merecen una segunda mirada.
Una pátina extraña puede ser consecuencia de una manipulación.
Y una moneda pulida puede haber sido alterada intentando mejorar su aspecto.
Pero cuidado: lo raro no siempre es falso
Esta es una de las partes más importantes de todo lo que estamos contando.
Cuando empezamos a estudiar falsificaciones existe un peligro:
convertir todo lo que no conocemos en una señal de falsificación.
Y eso es un error.
Cada ceca tenía su propia manera de trabajar.
Hay características que pueden parecernos extrañas si no estamos acostumbrados a verlas y que, sin embargo, son completamente normales en determinadas monedas.
Incluso la plata utilizada y las condiciones de fabricación pueden dejar características particulares.
Por ejemplo, determinadas emisiones de Santiago pueden presentar unas pátinas características que no deberíamos interpretar automáticamente como una manipulación.
Por eso hay que conocer primero la moneda auténtica antes de decidir que una característica es sospechosa.
El ojo numismático no se aprende en un día
Y aquí llegamos a lo que considero más importante.
Hay muchísimas cosas que se pueden explicar sobre un 8 reales, pero hay otras que solamente se aprenden viendo monedas.
Hay que ver muchas piezas.
Compararlas.
Tocarlas.
Estudiarlas.
Mirar subastas.
Analizar ejemplares auténticos.
Acudir a convenciones.
Preguntar a otros coleccionistas.
Y, sobre todo, jugar con las monedas.
Intentar averiguar por qué una pieza es como es.
Preguntarse siempre “¿por qué?”
Esta pregunta es fundamental.
¿Por qué está desplazado este elemento?
¿Por qué este desgaste aparece aquí?
¿Por qué esta corona está colocada de esta manera?
¿Por qué las columnas tienen esta separación?
¿Por qué esta letra tiene esta forma?
¿Por qué este canto presenta estas características?
Y, sobre todo:
¿Podía fabricarse así?
Porque cuando entendemos cómo se fabricaba un 8 reales, empezamos a comprender qué cosas podían suceder durante el proceso y cu



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