¿Habías visto alguna vez este resello? El resello de «La Bamba», Tenerife

La Bamba de Tenerife: un pequeño león con más de dos siglos de historia
Hay monedas cuyo interés no está en su belleza ni en su estado de conservación, sino en la historia que han conseguido acumular sobre unos pocos gramos de plata.
La pieza que protagoniza este artículo pertenece precisamente a ese grupo.
Se trata de un real de plata a nombre de los Reyes Católicos, muy gastado y recortado, que muchos años después de su acuñación recibió en Canarias una pequeña marca que cambiaría para siempre su historia: un león pasante dentro de una orla lobulada.
Estamos ante una pieza relacionada con las conocidas Bambas canarias y con la operación de reconocimiento monetario desarrollada en Tenerife en 1734, durante una de las crisis monetarias más interesantes de la historia del archipiélago.
Y lo fascinante es que podemos leer su historia en dos tiempos.
Una moneda con dos vidas
La primera vida de esta pieza comienza muchos años antes de llegar a Canarias.
Su diseño corresponde al modelo monetario establecido por la Pragmática de Medina del Campo de 1497, bajo los Reyes Católicos. Este tipo monetario tuvo una extraordinaria longevidad y las acuñaciones a nombre de Isabel y Fernando continuaron bajo sus sucesores hasta el siglo XVI.
En nuestro ejemplar, sin embargo, el desgaste y las modificaciones posteriores han borrado demasiada información como para determinar con seguridad la ceca, el ensayador o la fecha exacta de acuñación.
Y eso es importante: podemos identificar el tipo, pero no debemos atribuirle una procedencia concreta que la pieza ya no permite demostrar.
La segunda vida comienza mucho después, en Canarias.

1 real de los Reyes Católicos con el resello de "La Bamba", peso 0,82 g.
¿Qué era una Bamba?
El término «bamba» tiene una historia propia.
No se trataba simplemente del nombre de una moneda acuñada en Canarias. Era una denominación utilizada en el archipiélago para determinadas monedas de plata antiguas que continuaron circulando durante mucho tiempo.
Canarias no disponía de una casa de moneda que abasteciera regularmente el mercado, por lo que durante siglos convivieron monedas de procedencias y épocas muy diferentes.
Así, un real cuyo diseño se remontaba a finales del siglo XV podía seguir teniendo una función económica en las islas más de dos siglos después.
De hecho, Francisco Xavier Machado Fiesco utilizaría en 1759 la expresión «reales de plata bambas, o de manojillo»para referirse a estos reales relacionados con el modelo de los Reyes Católicos.
La palabra bamba, por tanto, nos habla de una moneda antigua que había adquirido una vida propia dentro del sistema monetario canario.
El recorte: una moneda adaptada a otra realidad
Nuestro ejemplar presenta una característica especialmente interesante: ha sido recortado.
Actualmente conserva un peso de aproximadamente 0,82 gramos, muy lejos del módulo que originalmente tendría un real de plata de este tipo.
Las Bambas estaban relacionadas con las equivalencias monetarias propias de la circulación provincial canaria y, según la interpretación que hacemos de este ejemplar, el recorte habría servido para adecuar físicamente la pieza a su nueva función monetaria.
Por eso no estamos simplemente ante:
un real de los Reyes Católicos + un resello.
Estamos ante una moneda que sufrió una transformación física antes de recibir la nueva marca.
Su recorrido podría resumirse así:
Real de los Reyes Católicos → larga circulación → recorte → circulación canaria → resello del león en 1734.
Y cada una de esas etapas dejó su huella sobre el mismo trozo de plata.
Tenerife, 1734: cuando la confianza en la moneda entró en crisis
Para entender el significado del pequeño león tenemos que trasladarnos a Tenerife en 1734.
La circulación de moneda antigua, muy desgastada, recortada y en algunos casos de dudosa autenticidad o ley, había generado un problema de confianza.
Pero la situación no comenzó exactamente en 1734.
La documentación estudiada por Juan Régulo Pérez muestra que ya en 1729 existía desconfianza hacia determinados reales bambas y resistencia a aceptarlos.
En 1734 la situación llegó a un punto crítico.
El 7 de julio de 1734, un cabildo general celebrado en Tenerife acordó someter los reales a examen. La moneda considerada legítima debía continuar circulando, mientras que las piezas falsas o inadecuadas debían ser separadas y cortadas.
Y aquí aparece nuestro protagonista.
El pequeño león
La solución fue sencilla y extraordinariamente visual.
A las monedas que habían sido examinadas y consideradas aptas se les estampó una marca.
Un pequeño león.
Ese resello permitía identificar las piezas que habían pasado por el proceso de reconocimiento.
José de Viera y Clavijo describió posteriormente aquella operación y la utilización del pequeño cuño con el león.
En nuestro ejemplar podemos observar precisamente ese resello:
un león pasante mirando hacia la izquierda, rodeado por una orla polilobulada.
La marca no elimina la moneda anterior.
La superpone.
Debajo del león continúa existiendo aquel antiguo real nacido del sistema monetario de finales del siglo XV.
Y sobre él, más de dos siglos después, aparece la señal de la crisis monetaria canaria.
Es difícil encontrar una manera más gráfica de explicar la reutilización de la moneda antigua.
Y aquí está lo realmente interesante de esta pieza
El resello se conserva sobre una moneda que ya había tenido una larga vida.
Tenemos, por tanto, varias capas de historia en una sola pieza:
1. Fue acuñada siguiendo el modelo monetario de los Reyes Católicos.
2. Circuló durante un periodo prolongado, hasta quedar fuertemente desgastada.
3. Su módulo fue recortado.
4. Terminó formando parte del circulante canario.
5. En 1734 fue examinada y recibió el característico resello del león.
Lo que para nosotros puede parecer simplemente una pequeña marca sobre una moneda gastada era, en su momento, una señal destinada a generar confianza en el comercio.
¿Funcionó el resello?
Aquí aparece otro capítulo fascinante.
La operación de 1734 no solucionó definitivamente el problema.
El 21 de febrero de 1735, José de Anchieta y Alarcón anotaba que comenzaba a rechazarse de nuevo la moneda que había sido resellada «con el leoncito en Santa Cruz».
Es decir, la propia marca que había nacido para recuperar la confianza comenzaba a perder eficacia.
La Corona intervino posteriormente mediante la Real Orden de 30 de agosto de 1735, que mantuvo en circulación la plata antigua legítima aunque careciese de resello y ordenó retirar la moneda defectuosa.
La cuestión fundamental volvía a ser la misma:
que la moneda fuese legítima.
Incluso en octubre de 1735 se volvió a ordenar que la moneda fuese examinada, seleccionando la buena y cortando la restante.
La crisis, por tanto, no fue un episodio puntual resuelto simplemente estampando un león.
Fue un problema monetario mucho más profundo.
Una Bamba no se puede estudiar mirando solamente el león
Y esto es algo que, como coleccionistas, creo que merece la pena recordar.
Cuando encontramos una Bamba, no deberíamos limitarnos a identificar el resello.
Hay que estudiar la moneda completa.
¿Qué moneda sirvió de soporte?
¿A qué rey corresponde?
¿Es realmente una emisión de época de los Reyes Católicos o una posterior acuñada a su nombre?
¿Qué ceca tenía?
¿Conserva la marca del ensayador?
¿Cuánto pesa?
¿Está recortada?
¿Cuántos lóbulos tiene la orla?
¿El león pertenece a una determinada variante?
¿Existen otros resellos?
Cada una de esas preguntas puede aportar una parte diferente de la historia.
En nuestro ejemplar, precisamente, el fuerte desgaste y el recorte impiden determinar algunos de estos aspectos. Y lejos de ser un inconveniente, esa incertidumbre forma parte de la propia historia de la moneda.
Una pieza que sigue teniendo sentido décadas después
Hay un dato especialmente revelador.
En 1759, veinticinco años después de la operación del león, Machado Fiesco todavía incluía los reales bambas o de manojillo dentro de su descripción del sistema monetario provincial de las islas.
Esto demuestra que no estamos ante una simple curiosidad aislada.
La Bamba formaba parte de una realidad monetaria reconocible en Canarias.
La pieza que tenemos delante
Y quizá lo más bonito de este ejemplar sea precisamente su aspecto.
No es una moneda espectacular.
Está muy gastada.
Está recortada.
No podemos determinar su ceca ni su ensayador.
Pero conserva algo que una moneda perfectamente conservada quizá nunca podría contarnos con tanta claridad:
su propia historia de circulación.
En apenas 0,82 gramos de plata encontramos las huellas de diferentes momentos de la historia monetaria española y canaria.
Primero, un real basado en el sistema de los Reyes Católicos.
Después, una larga vida de circulación.
Más tarde, el recorte y la adaptación al particular sistema monetario de Canarias.
Y finalmente, en 1734, el pequeño león.
Una marca diminuta que nos permite viajar desde la moneda de finales del siglo XV hasta la Tenerife del siglo XVIII.
Una pequeña marca y una gran historia
Las monedas reselladas tienen algo especial.
El resello no destruye necesariamente la historia anterior de una moneda.
La añade.
Debajo del león todavía está aquella vieja moneda de plata.
Y encima de ella encontramos la respuesta que una sociedad dio, hace casi tres siglos, a un problema de confianza monetaria.
Por eso esta Bamba me parece mucho más que una moneda recortada y gastada.
Es un pequeño documento histórico.
Una moneda que sobrevivió a diferentes sistemas, diferentes generaciones y diferentes necesidades económicas.
Y que, casi tres siglos después de recibir aquel golpe de martillo, todavía conserva la marca que nos permite reconstruir una parte de su historia.
¿Habías visto alguna vez este resello?
Ficha del ejemplar
Soporte: Real de plata a nombre de los Reyes Católicos.
Tipo: Modelo monetario derivado de la Pragmática de Medina del Campo de 1497.
Cronología posible del tipo: 1497-1566.
Fecha concreta de acuñación: indeterminada.
Ceca: no visible.
Ensayador: no visible.
Metal: plata.
Peso actual: 0,82 g.
Estado: muy gastada y recortada.
Resello: león pasante mirando hacia la izquierda dentro de una orla polilobulada.
Fecha del resello: 1734.
Circulación: Canarias.
Valor atribuido a la Bamba: 1/3 de real.
La descripción técnica del tipo, la indeterminación de ceca y ensayador y las características del resello coinciden con la documentación aportada para el ejemplar.
Bibliografía de referencia
Almenara Rosales (2025); Anchieta y Alarcón (2011); Cano Borrego (2016); De Francisco Olmos (1999); García González (2017); Machado Fiesco (1759/1974); Macías Hernández (1992, 1993-94); Régulo Pérez (1984); Viera y Clavijo (1776).
Esta versión, a mi juicio, mejora bastante los dos textos porque conserva la parte narrativa del primero, pero incorpora la precisión histórica del segundo y, sobre todo, evita presentar como seguras cuestiones que la propia pieza ya no permite demostrar.
Agradecimiento:
Quiero agradecer especialmente la ayuda y orientación de Jaime Alberto García González, gran investigador y estudioso de la moneda canaria y de sus resellos, por sus aportaciones y conocimientos, que han sido de gran ayuda para comprender mejor la historia de esta pieza y poner en contexto el resello de la Bamba.
Muchas gracias, Jaime, por compartir tus conocimientos y por contribuir a que estas pequeñas piezas de nuestra historia puedan ser conocidas y valoradas.



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